23 de diciembre, 2020

Pirotecnia y quemaduras: ¿Cómo debemos actuar?

En esta época del año llegan las tan esperadas festividades de navidad y año nuevo, un espacio de encuentro con familiares y amigos. Si bien en un año marcado por la pandemia de COVID-19, las medidas de prevención para evitar la propagación del virus toman protagonismo, no debemos dejar de prestarle atención a las medidas de prevención que ayudan a evitar accidentes por el uso inadecuado de artículos pirotécnicos, que desafortunadamente causan cientos de lesiones prevenibles a quienes los manipulan y a los que los rodean, además de causar pérdidas económicas y medioambientales.

Según datos de La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) más de 1000 personas deben ser asistidas anualmente en instituciones de la salud por lesiones producidas por el  uso de la pirotecnia, de las cuales alrededor del 50% son niños y de ellos, el 75% varones. Asimismo, entre el 25% y el 50% de los lesionados son solo espectadores u observadores. Como es de imaginar, la mayoría de las lesiones se producen en la cara, las manos y los dedos.

Es importante tener en cuenta que no existe pirotecnia segura ni de bajo riesgo: todas pueden producir lesiones. Incluso las ‘estrellitas’ -en apariencia “inofensivas”- pueden incendiar la ropa o lesionar los ojos, y es por ello que se recomienda buscar otras formas más sanas de festejar que no impliquen pirotecnia ni explosivos que puedan afectar nuestra salud y la de otras personas.

Algunas conductas riesgosas que empeoran los riesgos y aumentan la gravedad del daño son:

  • – Permitir utilizar pirotecnia a niños. 
  • – Reencender o tocar pirotecnia que falló o no enciende. 
  • – Utilizar pirotecnia en el interior de las casas. 
  • – Hacer estallar pirotecnia en recipientes metálicos o de vidrio.
  • – Manipular pirotecnia bajo los efectos del alcohol o drogas. 
  • – Transportar artefactos en los bolsillos.

¿Qué se debe hacer y qué no se debe hacer ante un caso de quemadura?

Definimos las quemaduras como cualquier lesión producida en los tejidos vivos por agentes físicos, químicos o biológicos,  que  producen  alteraciones  que  van  desde el enrojecimiento de la piel a la destrucción de las estructuras afectadas, con distintos grados de gravedad según la extensión, localización, profundidad, etc.

Si una persona cercana a nosotros se ve afectada por una quemadura, se recomienda asistirla utilizando las siguientes técnicas de primeros auxilios:

  • – Extinguir las llamas haciendo rodar a la persona en el piso, cubriéndola con una manta o utilizando agua para apagar el fuego. 
  • – Detener el proceso de quemadura quitando la ropa de la zona involucrada  e hidratando las partes afectadas con agua corriente. 
  • – En caso de quemaduras químicas, remover o diluir el agente químico vertiendo grandes cantidades de agua. 
  • – Envolver al paciente en un paño o una sábana limpia y solicitar atención médica  de inmediato.

Asimismo, cabe destacar las siguientes recomendaciones:

  • – No prestar primeros auxilios sin garantizar su propia seguridad. Para ello se debe interrumpir la corriente eléctrica, utilizar guantes de protección contra productos químicos.
  • – No aplicar pomadas, aceite u algodones en bruto sobre la herida. 
  • – No aplicar hielo, ya que este solo profundizará la lesión. 
  • – No enfriar con agua de forma prolongada a la persona afectada, dado que ello puede provocar una hipotermia.
  • – No romper las ampollas antes de que estas puedan ser tratadas con pomadas antibióticas  recetadas por un prestador de servicios médicos.
  • – Evitar el contacto directo de la herida con cualquier tipo de tejido, dado que ello podría provocar una infección.
  • – Evitar el uso de  medicaciones antes de que el paciente haya recibido la atención médica adecuada.

Todos los contenidos compartidos en el blog de salud de la web de OSPEDYC son de producción propia utilizando como fuente al Ministerio de Salud de la Nación Argentina, a la Organización Mundial de la Salud (OMS), a la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y/o la página UpToDate.
Autor: OSPEDYC

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21 de diciembre, 2020

¿Cómo cuidar nuestra salud con el comienzo de las altas temperaturas?

Todos los años, cuando se aproxima el verano y comienza a hacer más calor, la mayoría de las personas aprovechan el clima agradable para realizar más actividades, especialmente al aire libre.

Existen ciertos aspectos preventivos a los que debemos prestar atención para poder disfrutar del verano, sin correr riesgos o sufrir daños.

El agotamiento por calor y el golpe de calor son algunas de las patologías que se relacionan con las altas temperaturas. Cuando el calor es extremo, el cuerpo no puede enfriarse adecuadamente mediante el sudor e incluso puede llegar a dañar algunos órganos vitales de forma transitoria o permanente, de allí que su identificación y tratamiento serán de suma importancia.

Algunos factores de riesgo que pueden agravar el cuadro conocido como “golpe de calor” son la obesidad, la fiebre, la deshidratación, las quemaduras ocasionadas por el sol, las enfermedades cardiacas o mentales y el consumo de alcohol. Las personas mayores, los niños y los pacientes con patologías preexistentes son más susceptibles a padecer complicaciones por las altas temperaturas. Sin embargo, el calor puede afectar a cualquier persona si se expone por un tiempo prolongado al sol o realiza actividades físicas intensas sin prevención.

¿Cómo podemos cuidar nuestra salud?

Para cuidar nuestra salud y mantener una temperatura corporal equilibrada durante los días húmedos y/o con temperaturas elevadas podemos adoptar las siguientes medidas:

  • – Usar ropa holgada, clara y liviana: ya que usar demasiada ropa, oscura, gruesa, muy ceñida no permite el enfriamiento necesario del cuerpo.

  • – Protegerse contra las quemaduras solares: se recomienda protegerse del sol con sombrero o gorra de ala ancha, gafas de sol, ropa cubritiva y protector solar con factor de protección mayor a 30 FPS mientras se está al aire libre, aplicándolo generosamente cada dos horas o luego de nadar o sudar. Las personas con piel demasiado blanca deben usar pantalla total.

  • – Beber abundante líquido: se recomienda tomar líquido cada 30 minutos, aunque no se tenga sed, y cada 10 minutos mientras se realiza actividad física con calor, evitando las bebidas con mucha cafeína o azúcar, muy frías o calientes. Es importante asegurarnos de que el agua sea segura, preservada en botellas limpias y frías. En el caso de los bebés, se recomienda aumentar la frecuencia de la lactancia.

  • – Evitar la permanencia prolongada en vehículos estacionados al sol: ya que la temperatura y la humedad dentro del automóvil se elevan muy rápido.

  • – Reducir la actividad durante los momentos más calurosos del día: evitar las actividades extenuantes, aumentar la hidratación y descansar en lugares frescos al mediodía. Se sugiere programar actividades por la mañana temprano, o a la tarde/noche.

  • – Aclimatarse: al viajar a una zona calurosa en verano, se debe limitar el tiempo de trabajo o ejercicio los primeros días, hasta aclimatarse. El cuerpo puede tardar varias semanas en adaptarse al calor.

  • – Aumentar los cuidados si hay factores de riesgo preexistentes: si se tiene una enfermedad u otros factores de riesgo se deben tener mayores precauciones y asegurarse que haya servicios de emergencia cerca del lugar a donde se vaya.

También existen otros cuadros que se asocian a las altas temperaturas o exposición al sol, tales como: el fotoenvejecimiento, el daño retiniano solar, el cáncer de piel, el sofocamiento por calor e insolación, la deshidratación leve y los calambres por sudoración excesiva.

Para concluir, es importante remarcar que, debido al contexto de pandemia que estamos atravesando, además de tener en cuenta los cuidados señalados, las actividades al aire libre deberán realizarse cumpliendo con las disposiciones gubernamentales, como el distanciamiento social y el uso de barbijo cuando corresponda, y evitando compartir botellas, los grupos masivos de personas y los espacios cerrados.



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11 de diciembre, 2020

¿Cómo podemos llevar una vida saludable?

En un año marcado por la pandemia del COVID-19, muchas personas descuidaron algunos hábitos que son necesarios para llevar una vida saludable. La salud es un estado completo de bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de afecciones o enfermedades. El desafío es mantener un equilibrio entre estos aspectos.

Las características más importantes para cuidar nuestra salud son:

  • – Mantener una alimentación sana, equilibrada y adecuada. Una alimentación saludable se basa en recibir las 3 comidas y 2 refrigerios al día, los nutrientes esenciales y la energía que necesitamos para mantener nuestra vitalidad.

  • – Tomar al menos 2 litros de agua al día.

  • – Practicar ejercicio físico y evitar el sedentarismo. Realizar ejercicios es fundamental para llevar un estilo de vida saludable. Practicar 30 minutos diarios de ejercicios durante 5 días a la semana, o 1 hora de ejercicios 3 veces por semana nos ayudará a mantener un peso adecuado y seremos más felices porque liberamos endorfinas, las mismas que funcionan como analgésico natural y reducen el sentimiento de dolor así como la ansiedad y el estrés.

  • – Dormir bien. Dormir al menos 7 a 9 horas por noche aumenta los beneficios de tener un estilo de vida saludable y puede disminuir el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

  • – Reducir el estrés. Dormir adecuadamente y la actividad física son fundamentales para reducir los niveles de estrés, lo que además se verá reflejado en la interacción con el entorno en el que nos desempeñamos.

  • – Tener una higiene adecuada. El concepto de higiene no sólo se refiere al aseo y limpieza del cuerpo, sino también al ámbito doméstico y mantener nuestro entorno limpio y ordenado.

  • – Evitar el consumo de tabaco y alcohol. Estas sustancias inciden de forma negativa en la salud.

  • – Tener bienestar emocional. Cuidar de la salud mental es tan importante como cuidar la salud física. En todas las etapas de la vida, el bienestar emocional, psíquico y social influye en cómo piensan, sienten y actúan las personas.

Tener una vida saludable aumenta la esperanza de vida de las personas, pero también la calidad en los años que viva. Por otro lado, no existe un único estilo de vida saludable por lo que cada persona puede elegir cómo llevarlo a cabo.

Los beneficios de llevar una vida saludable son realmente rápidos por lo que el bienestar general que se sentirá es notable en poco tiempo. La salud está condicionada por el estilo de vida que llevan las personas por lo que si el estilo de vida es saludable se tendrá mejor nivel de salud que si se lleva un estilo de vida poco sano.



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1 de diciembre, 2020

VIH: ¿cómo podemos prevenirlo y detectarlo a tiempo?

Según datos del Ministerio de Salud de la Nación, actualmente hay 139.000 personas con VIH en Argentina, de las cuales el 17% desconoce su diagnóstico. Asimismo, cada año se notifican alrededor de 5.800 nuevos casos y, con respecto a las vías de transmisión, más del 98% son consecuencia de relaciones sexuales sin protección.

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) ataca el sistema inmunitario y debilita las defensas  contra muchas otras infecciones. El paciente infectado por el virus sufre alteraciones en su inmunidad y, como consecuencia, queda vulnerable ante otras enfermedades.

La fase más avanzada de la infección por el VIH es el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) que, según cada caso, puede tardar muchos años en manifestarse. A medida que la infección va debilitando el sistema inmunitario, la persona puede presentar otros signos y síntomas, como inflamación de los ganglios linfáticos, pérdida de peso, fiebre, diarrea y tos. Si la enfermedad no se trata, pueden aparecer otras enfermedades graves como tuberculosis (TB), meningitis criptocócica, infecciones bacterianas graves o ciertos tipos de cánceres.

¿Cómo se transmite?

El VIH se transmite a través del contacto de fluidos corporales con la mucosa o torrente sanguíneo de otra persona. También se puede transmitir de la madre hacia el hijo durante el embarazo, el parto o la lactancia sin los cuidados necesarios.

Por otro lado, es importante señalar que no es posible infectarse en los contactos cotidianos, como los besos, los abrazos o apretones de manos, tampoco por el hecho de compartir objetos personales, agua o alimentos.

¿Cómo detectarlo?

Los síntomas de la infección por el VIH varían según la etapa en la que se encuentre la persona afectada. A veces, en las primeras semanas que siguen a la transmisión del virus, el paciente no manifiesta ningún síntoma, mientras que, en otras ocasiones, algunos pacientes presentan un cuadro pseudogripal, con fiebre, cefalea, erupciones o dolor de garganta. Muchas personas ignoran que contrajeron el virus hasta fases más avanzadas.

La única manera de saber si alguien contrajo VIH es a través de un test. Se trata de un análisis de sangre que detecta la presencia de anticuerpos al VIH. Existen dos tipos de test: el llamado ELISA, que es una extracción de sangre y se realiza en un laboratorio, y el test rápido, cuyo resultado se obtiene veinte minutos después. En ambos casos, si el resultado es positivo, debe ser confirmado con una prueba de laboratorio llamada Western Blot y se recomienda a las parejas o últimos contactos sexuales que también se realicen el test. Cabe destacar que el análisis es voluntario, confidencial y no requiere de una orden médica.

En este sentido, también debemos tener en cuenta lo que se denomina como “período ventana”, que es el tiempo de 3 a 4 semanas que transcurre luego de la infección, durante el cual los resultados pueden ser negativos aunque la persona tenga el virus.

¿Cómo lo prevenimos?

Es posible reducir el riesgo de infección si adoptamos las siguientes medidas de prevención: 

  • – Vía sexual: el uso correcto y sistemático de preservativos masculinos y femeninos durante la penetración vaginal o anal puede proteger contra la propagación de las Enfermedades de Transmisión Sexual. Los datos demuestran que, si se utilizan de forma sistemática, los preservativos masculinos tienen una eficacia del 85% contra la infección por el VIH y otras ETS.

  • – Vía sanguínea: se previene evitando el contacto con sangre. Para eso, es necesario no intercambiar o compartir agujas ni jeringas. También se sugiere controlar que todo procedimiento que incluya algún corte o punción (pinchazo) sea realizado con material descartable o esterilizado, como es el caso del dentista, manicura, tatuajes o prácticas médicas. Por último, también podemos evitar el contacto con sangre utilizando guantes de látex.

  • – Vía perinatal o vertical: se previene controlando los embarazos. Se recomienda que toda mujer embarazada se realice el análisis de VIH durante el primer trimestre y, si el resultado es positivo, se debe comenzar el tratamiento, seguir las indicaciones médicas y suspender la lactancia materna.

  • – Pruebas de detección del VIH y asesoramiento: se aconseja a todas las personas que hayan estado expuestas a algunos de los factores de riesgo mencionados que se realicen las pruebas de detección del VIH y otras ETS. Ello les permitirá conocer su estado serológico y acceder sin demora a los servicios de prevención y tratamiento necesarios en caso de detectarse la infección. 



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27 de noviembre, 2020

¿Cuáles son los hábitos que podemos adoptar para tener un corazón saludable?

Las enfermedades cardiovasculares (ECV) son aquellas que afectan al corazón y las arterias, siendo la aterosclerosis su principal causa. Esta se define como el depósito de placas de colesterol en el interior de las paredes de las arterias, provocando su obstrucción y comprometiendo la llegada de la sangre a órganos vitales como el corazón, el cerebro y el riñón.

Las ECV lideran el ranking en muertes, tanto a nivel global como en Argentina donde según la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) se producen 100.000 muertes anuales lo que equivale a 280 muertes por día, como así también una de las causas más importantes de discapacidad. Además, según datos del Ministerio de Salud de la Nación, la muertes por causas cardiovasculares representan el 29% de las muertes anuales.

Las enfermedades cardiovasculares se clasifican en: hipertensión arterial, cardiopatía coronaria, enfermedad cerebrovascular, enfermedad vascular periférica, insuficiencia cardíaca, cardiopatía reumática y congénita y miocardiopatías.

El problema subyacente de las enfermedades cardiovasculares es la aterosclerosis, que progresa a lo largo de los años, de modo que cuando aparecen los síntomas, generalmente a mediana edad, suele estar en una fase avanzada.

¿Cuáles son los síntomas a los que debemos estar atentos? 

Los síntomas más comunes que una persona puede sentir durante un evento cardiovascular pueden ser: dolor en el pecho, que puede estar acompañado de náuseas, sudoración y mareos, falta de aire repentina o disnea, palpitaciones y mareos intensos o desmayos.

Se debe prestar especial atención a las palpitaciones que habitualmente se presentan como golpeteos rápidos en el corazón. Aquellos que saben hacerlo, pueden tomarse el pulso y, si la frecuencia cardíaca es más de 100 por minuto, o menos de 60 por minuto, se debe hacer una consulta inmediata con un profesional.

¿Cómo podemos prevenir las enfermedades cardiovasculares?

El 80% de los infartos de miocardio y los accidentes cerebrovasculares (ACV) prematuros son prevenibles si se modifican los factores de riesgo. En este sentido, se recomiendan una serie de hábitos que podemos adoptar para tener un corazón saludable:

  • – Seguir una dieta saludable: se recomienda consumir abundantes frutas y verduras, cereales integrales, carnes magras, pescado, legumbres y grasas saludables como, por ejemplo, aceite de oliva. También se debe limitar la ingesta sal, azúcar, hidratos de carbono procesados, alcohol,  grasas saturadas y grasas trans. 

  • – Hacer ejercicio de forma regular: la actividad física es de gran ayuda para controlar el peso y reducir otros factores de riesgo para el corazón, tales como la presión arterial, el colesterol y la diabetes. En este sentido, al menos 30 minutos diarios de actividad física ayudan a mantener el sistema cardiovascular en forma y alrededor de 60 minutos nos permitirán mantener un peso saludable. 

  • – Evitar el consumo de tabaco: el consumo de tabaco daña gravemente la salud y la exposición pasiva al humo del cigarrillo también. Pero el riesgo de padecer un infarto de miocardio y/o un ACV empieza a disminuir inmediatamente después de dejar de consumir tabaco y se puede reducir a la mitad en tan solo un año.

  • – Verificar y controlar el riesgo cardiovascular: los profesionales de la salud pueden estimar el riesgo cardiovascular con gráficas simples y brindarle los consejos apropiados para reducir los factores de riesgo. Es de suma importancia controlar y medir la tensión arterial, la hipertensión, que suele ser asintomática, los lípidos y el azúcar en la sangre. 

  • – Si se tiene una afección subyacente -como colesterol alto, presión arterial alta o diabetes-: el médico puede recetar medicamentos y recomendar cambios en el estilo de vida. Es fundamental cumplir con las indicaciones médicas y seguir un plan de estilo de vida saludable.



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19 de noviembre, 2020

Dengue: ¿Cómo podemos prevenir esta enfermedad doméstica?

El Dengue es una infección vírica que se transmite por la picadura de un mosquito hembra del género Aedes que se encuentra infectado con el virus. El Aedes aegypti -que se caracteriza por presentar franjas negras y blancas en sus patas y abdomen- y el Aedes albopictus son los mosquitos transmisores del dengue, pero el primero constituye la principal fuente de transmisión, no solo del dengue, sino también de la fiebre chikungunya, la fiebre amarilla y la infección por el virus de Zika.

Como este insecto tiene hábitos domiciliarios, la transmisión suele ser predominantemente doméstica. Además, las picaduras suelen darse durante el día, ya que esta especie tiene un período de alimentación más activo antes y después del amanecer y del atardecer. El contagio solo se produce por la picadura de los mosquitos infectados, nunca de una persona a otra, ni a través de objetos o de la leche materna. Pero, aunque es poco frecuente, las mujeres embarazadas también pueden transmitir la enfermedad al bebe en su útero.

Prevención

Al no existir una vacuna contra el dengue, la única forma de controlar la enfermedad es prevenirla, evitando la propagación de criaderos de mosquitos y la picadura del mismo:

¿Cómo prevenir los criaderos de mosquitos?

  • – Eliminar todos los recipientes en desuso que puedan acumular agua ( latas, botellas, neumáticos, etc).
  • – Dar vuelta los objetos que se encuentran en el exterior y pueden acumular agua cuando llueve (baldes, palanganas, tambores).
  • – Cambiar el agua y limpiar los bebederos de animales, colectores de desagües de aire acondicionado o lluvia que se encuentren  dentro y fuera de la casa, cada 3 días. Además, es necesario frotar las paredes de los recipientes con una esponja a fin de desprender los huevos de mosquito que puedan estar adheridos.
  • – Rellenar los floreros y porta macetas con arena húmeda.
  • – Mantener los patios limpios y ordenados y los jardines desmalezados.
  • – Limpiar las  canaletas y desagües de lluvia de los techos.
  • – Tapar los tanques y recipientes que se usan para recolectar agua.

La fumigación no es suficiente para eliminar el mosquito ya que los insecticidas eliminan a los mosquitos adultos pero no a los huevos y larvas. Su implementación debe ser evaluada por las autoridades sanitarias ya que solo se recomienda en momentos de emergencia, y siempre debe ser acompañada por la eliminación de todos los recipientes que acumulan agua en las casas y espacios públicos, de lo contrario, volverán a crecer mosquitos adultos, a los pocos días.

¿Cómo prevenir ser picado por un mosquito?

  • – Usar siempre repelente, siguiendo cuidadosamente las recomendaciones del envase.
  • – Utilizar ropa clara que cubra los brazos y las piernas, especialmente durante las actividades al aire libre.
  • – Colocar mosquiteros en puertas y ventanas, y cuando sea posible usar ventiladores o aire acondicionado en las habitaciones.
  • – Proteger cunas y cochecitos de bebés con telas mosquiteras.
  • – Utilizar repelentes ambientales como tabletas y espirales.

¿Cuáles son los síntomas?

Se debe sospechar que una persona padece dengue cuando presenta fiebre elevada (40 °C) que se acompaña de dos de los siguientes síntomas: dolor de cabeza intenso, dolor detrás de los ojos, dolores musculares y articulares, náuseas, vómitos, agrandamiento de ganglios linfáticos o salpullido.

El dengue es una enfermedad sistémica y muy dinámica. En pocas horas un paciente puede pasar de un cuadro leve a un cuadro muy grave. Es por ello que el equipo de salud debe realizar un seguimiento estricto del paciente y, junto a su grupo familiar, deben estar atentos a los signos de alarma, controlando al paciente infectado durante por lo menos 48 horas después de haber finalizado la etapa febril.

Además, en su estado más severo, el dengue puede presentar complicaciones como dificultad respiratoria, hemorragia grave o falla multiorgánica. Los signos que advierten estas complicaciones se presentan entre 3 y 7 días después de los primeros síntomas y se acompañan de un descenso de la temperatura corporal, dolor abdominal intenso, vómitos persistentes, respiración acelerada, hemorragias de las encías, fatiga, inquietud y presencia de sangre en el vómito. Las siguientes 24 y 48 horas de la etapa crítica pueden ser letales, por lo cual es necesario brindar atención médica para disminuir el riesgo de muerte.

Ante la sospecha de dengue se recomienda:

  • – Concurrir a un Centro de Salud. 
  • – Evitar viajar. 
  • – Evitar el contacto de usted y de su grupo familiar con los mosquitos mientras está con fiebre o hasta que se descarte el diagnóstico de Dengue para evitar la propagación de la enfermedad en el caso de ser picado por un mosquito vector que pueda seguir transmitiendo el virus.
  • – No automedicarse ni utilizar aspirina: su efecto puede provocar hemorragias.
  • – No utilizar antibióticos: el dengue es producido por un virus y los antibióticos solo atacan a las bacterias.


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18 de noviembre, 2020

¿Por qué es importante el uso racional de los antibióticos?

Además de tener consecuencias médicas, el uso inapropiado de antibióticos también tiene un impacto económico. El gasto en antibióticos representa alrededor del 35% del presupuesto destinado para la salud, debido a la creciente resistencia antibiótica y a su mal uso, muchas veces motivado por la facilidad de acceso a ciertos medicamentos sin la necesidad de una receta médica.

Las consecuencias del uso inadecuado de antibióticos pueden llevar, entre otras cuestiones, al fracaso terapéutico, a la no curación, además de producir efectos adversos evitables que pueden involucrar el descontrol de las defensas inmunitarias.

Contrariamente a lo que se suele creer, un síntoma no necesariamente requiere de una respuesta inmediata cuando se trata de la primera consulta médica. El problema no es el síntoma sino el diagnóstico, es decir, la evaluación de diversos criterios para justificar una antibioterapia: los criterios clínicos, los biológicos y los bacteriológicos. Por lo que, la accesibilidad a la salud debe ser un objetivo.

En este sentido, en el año 2007, a partir de la resolución 1412, se creó la Comisión Nacional Asesora para el Uso Racional de Medicamentos con el objetivo de impulsar el uso racional y científicamente fundamentado de los medicamentos por parte de los dispensadores y consumidores y mejorar el acceso a los medicamentos esenciales.

Los obstáculos

Un profesional de la salud debe enfrentar diversos obstáculos a la hora de atender a un paciente como ser la creciente ausencia de la figura del Médico de cabecera -que, en Argentina, muchas personas todavía siguen teniendo dificultades para acceder a un profesional de la salud de referencia-, o la presión del paciente que exige ser tratado con los medicamentos que ve y/o lee en Internet o los medios masivos de comunicación y la publicidad.

Por otro lado, existen otros factores de tipo cultural, social y religioso que también influyen positiva o negativamente en la terapia racional de los medicamentos. El antibiótico ideal, que resulte más eficaz, menos tóxico, retarde el surgimiento de cepas resistentes, que sea de menor costo y de fácil administración, no existe.

A partir del análisis de las recomendaciones nacionales e internacionales concernientes al uso racional de antibióticos, y con el objetivo de cumplir con el marco legal correspondiente, hoy más que nunca nos comprometimos a informar a nuestros afiliados, sensibilizar a nuestros prescriptores y entramar todos los esfuerzos para adaptar nuestra institución y poder realizar un trabajo conjunto eficaz, seguro y racional.



Todos los contenidos compartidos en el blog de salud de la web de OSPEDYC son de producción propia utilizando como fuente al Ministerio de Salud de la Nación Argentina, a la Organización Mundial de la Salud (OMS), a la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y/o la página UpToDate.
Autor: OSPEDYC

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17 de noviembre, 2020

Dejar de fumar a cualquier edad puede disminuir considerablemente el riesgo de padecer cáncer de pulmón

Según datos del Instituto Nacional de Cáncer (IARC), el cáncer de pulmón es uno de los cánceres más frecuentes a nivel mundial y también es el que más mortalidad genera. Solo en la Argentina, la incidencia de esta enfermedad asciende a 11.595 casos, afectando en mayor medida a personas de entre 60 y 65 años, sin distinción de sexos.

En cuanto a las causas, los profesionales señalan que el tabaquismo es el principal responsable de la mayoría de los casos de cáncer de pulmón, ya se trate de fumadores directos o activos como de fumadores indirectos o pasivos. Sin embargo, esta enfermedad también puede presentarse en personas que nunca fumaron ni estuvieron expuestas al humo de cigarrillo.

El tabaco es la principal causa del cáncer de pulmón. Al inhalar el humo del cigarrillo, que está compuesto de sustancias que producen cáncer o carcinógenos, se producen alteraciones en el tejido del pulmón casi de inmediato. Al principio, el organismo puede reparar ese daño, pero, con el tiempo, las células comienzan a actuar de manera anómala, lo cual puede derivar en un cáncer. Asimismo, el tabaco también puede dañar a otros órganos del cuerpo, como el corazón, los vasos sanguíneos, los órganos genitales, la boca, la piel, los ojos y los huesos.

El riesgo de padecer esta enfermedad  aumenta de manera proporcional a los años durante los cuales se mantuvo este hábito y a la cantidad de cigarrillos consumidos por día. Dejar de fumar a cualquier edad puede disminuir considerablemente el riesgo de padecer cáncer de pulmón.

Además del tabaquismo, existen otros factores de riesgo que pueden tener que ver con la aparición de esta enfermedad. En este sentido, tener antecedentes familiares de cáncer de pulmón y la exposición al asbesto y a otras sustancias carcinógenas (como el arsénico, el cromo y el níquel) pueden aumentar el riesgo, sobre todo en personas fumadoras.

Prevención

No existe una forma segura de prevenir el cáncer de pulmón, pero es posible disminuir los riesgos si se hace lo siguiente:

  • – No fumar o dejar de fumar. 
  • – Evitar el humo de segunda mano. 
  • – Evitar la exposición a los carcinógenos. 
  • – Seguir una dieta con muchas frutas y vegetales.
  • – Hacer ejercicio de manera frecuente.

¿Cuáles son los síntomas?

El cáncer de pulmón, en general, no produce signos ni síntomas en los estadios más tempranos, por lo que generalmente se presenta sólo cuando la enfermedad está avanzada.

Los signos y síntomas del cáncer de pulmón pueden ser:

  • – La tos que no desaparece y empeora con el tiempo.
  • – Dolor constante en el pecho.
  • – Tos con expectoración con sangre (hemoptisis).
  • – Falta de aire, silbidos al respirar o ronquera.
  • – Inflamación del cuello y la cara.
  • – Dolor corporal.
  • – Pérdida del apetito y/o pérdida de peso.
  • – Fatiga.
  • – Dolor de cabeza.

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14 de noviembre, 2020

Diabetes: ¿Cómo podemos prevenirla o sobrellevarla de la mejor manera?

Según datos de la OMS, se espera que el número de diabéticos aumente a 522 millones de personas para el año 2030, una enfermedad tratable que tiene algunas raíces hereditarias y otras prevenibles, provocadas, en gran medida, por dietas poco sanas, falta de actividad física y dificultades en el acceso a los servicios de salud y medicamentos. En este sentido, se estima que el 75 % de las personas afectadas vive en países de ingresos bajos y medianos.

La diabetes es una enfermedad crónica que aparece cuando el páncreas no produce suficiente insulina (hormona que regula el azúcar en la sangre) o cuando el organismo no utiliza eficazmente la insulina que produce. El efecto de la diabetes no controlada es la hiperglucemia (aumento del azúcar en la sangre) que, con el tiempo, daña gravemente muchos órganos y sistemas, especialmente los nervios y los vasos sanguíneos.

Si no se controla adecuadamente, la diabetes también puede causar otras complicaciones como, por ejemplo, ceguera producida por retinopatía diabética, insuficiencia renal, infarto de miocardio, accidente cerebrovascular o la amputación de los miembros inferiores, debido a la neuropatía de los pies combinada con la reducción del flujo sanguíneo.

Tipos de diabetes y causas 

Existen diferentes tipos de diabetes. La diabetes de tipo 1, también llamada insulino dependiente, juvenil o de la infancia, se caracteriza por una producción deficiente de insulina y requiere la administración diaria de esta hormona. Algunos de sus síntomas son: producción excesiva de orina, presencia de sed con aumento de la ingesta de líquidos, hambre constante, pérdida de peso, trastornos visuales y cansancio.

La diabetes de tipo 2, no insulino dependiente o de inicio en la edad adulta, tiene que ver con una utilización ineficaz de la insulina. Este tipo representa la mayoría de los casos mundiales y se debe, en gran medida, al peso corporal excesivo y a la falta de actividad física. Los síntomas pueden ser similares a los de la diabetes de tipo 1, pero se presentan con menor intensidad.

Por último, la diabetes gestacional se caracteriza por la hiperglucemia que aparece durante el embarazo y alcanza valores que, a pesar de ser superiores a los normales, son inferiores a los establecidos para diagnosticar esta enfermedad.

Con respecto a las causas, hay algunos factores que pueden aumentar el riesgo de padecer esta enfermedad. Algunos de ellos son: tener más de 45 años, contar con antecedentes familiares de la enfermedad, presentar sobrepeso u obesidad, tener hipertensión arterial o enfermedades cardiovasculares, el colesterol elevado, así como también haber tenido diabetes gestacional.

Tratamiento y prevención

La detección precoz y el acceso a los servicios de salud son cruciales para la prevención y el tratamiento.  Además, se ha demostrado que medidas simples relacionadas con el estilo de vida son eficaces para prevenir la diabetes de tipo 2 o por lo menos retrasar su aparición. Algunas medidas que podemos adoptar para evitar esta enfermedad y sus complicaciones son: 

  • – Alcanzar y mantener un peso corporal saludable.
  • – Mantenerse activo físicamente: se recomienda realizar al menos 30 minutos de actividad regular de intensidad moderada la mayoría de los días de la semana. 
  • – Consumir una dieta saludable, evitando el azúcar y las grasas saturadas.
  • – Evitar el consumo de tabaco, ya que aumenta el riesgo de sufrir diabetes y enfermedades cardiovasculares.

Una vez que la enfermedad ya fue diagnosticada, es necesario realizar un tratamiento cuanto antes y seguir hábitos saludables que incluyan una dieta sana y actividad física, además de respetar una serie de controles y cuidados indicados por el profesional médico.

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11 de noviembre, 2020

EPOC: ¿Cuáles son sus síntomas y cómo prevenirla?

La Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), es una patología progresiva y potencialmente mortal que se caracteriza por la reducción gradual del flujo de aire hacia los pulmones. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta enfermedad mata a una persona cada 10 segundos y para 2030 será la tercera causa más importante de mortalidad.

La enfermedad se manifiesta a través de dos formas que suelen combinarse en personas que padecen EPOC. Una de ellas es la bronquitis crónica, marcada por la inflamación y el estrechamiento de los bronquios con producción excesiva de moco en el árbol bronquial, lo cual puede provocar tos crónica, con o sin expectoración. La segunda forma es el enfisema pulmonar, en la que la destrucción de las paredes y fibras de los alvéolos impide la salida del aire inspirado desde los pulmones al exhalar.

Según datos de la OMS, aproximadamente siete de cada diez casos de Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (71 %)  se dan en personas mayores de 30 años, siendo más frecuente en hombres que en mujeres. En este sentido, es importante destacar que la principal causa de esta patología es la exposición al humo del tabaco, ya sea por tratarse de un fumador activo o pasivo, y que la enfermedad comienza a hacerse evidente entre los 40 y 50 años, aunque la mayoría de los casos quedan sin diagnosticar.

Si bien la principal causa del desarrollo de la EPOC es el tabaquismo, la enfermedad también puede tener otras causas, tales como infecciones de las vías respiratorias repetidas durante la infancia, un déficit enzimático de causa genética, la contaminación ambiental, la exposición laboral a vapores, irritantes respiratorios y gases y la exposición a gases combustibles utilizados para otros fines como, por ejemplo, la calefacción en lugares con ventilación insuficiente.

Los síntomas

La evolución de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica es lenta y, por lo general, inicia sus síntomas entre la cuarta o quinta década de vida. Los síntomas más frecuentes son:

  • – Dificultad para respirar o disnea.
  • – Silbido al respirar.
  • – Tos crónica con expectoración.
  • – Sensación de presión en el pecho.
  • – Coloración azulada de los labios.
  • – Infecciones respiratorias frecuentes.
  • – Fatiga o falta de energía para tareas que requieren de esfuerzo, como subir escaleras.
  • – Inflamación de tobillos, pies y piernas como consecuencia de la retención líquida.
  • – Sufrimiento de exacerbaciones.

Por otro lado, también existen algunas complicaciones que pueden asociarse a la EPOC, tales como las infecciones respiratorias, las enfermedades cardíacas, el cáncer de pulmón, la presión arterial alta en las arterias pulmonares o la depresión.

Ante la presencia de alguno de estos síntomas es importante concurrir al médico quién establecerá los pasos a seguir.

Tratamiento y prevención

La primera pauta del tratamiento es eliminar la causa. Cuando se trata de un paciente tabaquista este debe dejar de fumar utilizando, o no, métodos de control del hábito, ya que el no interrumpir el hábito de fumar genera una progresión de la enfermedad. Luego, el resto de los objetivos se centran en reducir los síntomas crónicos de la enfermedad y disminuir la frecuencia de las exacerbaciones o re-agudizaciones y su gravedad.

Además, según cada caso, la vía inhalatoria suele ser la terapia de elección junto con el uso de dispositivos de inhalación para administrar uno o varios fármacos como, por ejemplo, broncodilatadores, antiinflamatorios o corticoides. En algunos casos también se requiere una intervención quirúrgica por la presencia de grandes burbujas de aire pulmonar o bullas o una cirugía para reducir el volumen pulmonar en pacientes con un enfisema predominante y hasta un trasplante pulmonar para mejorar la función respiratoria.

La mejor prevención frente a la EPOC es no fumar o dejar de fumar y, si se trabaja en un ambiente donde  existen vapores o polvo de sustancias que puedan ser irritantes pulmonares, comunicar a la empresa y exigir la búsqueda de soluciones para evitar el riesgo. Por otro lado, los adultos con EPOC o asma son más propensos a tener complicaciones asociadas a la gripe estacional por lo que deben vacunarse anualmente.

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Autor: OSPEDYC

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