Cáncer de Útero, se mantienen las tendencias
El cáncer de cuello uterino es uno de los pocos tipos de cáncer que puede prevenirse casi por completo. Sin embargo, sigue siendo un problema de salud relevante. La buena noticia es que hoy existen herramientas eficaces para evitar su desarrollo o detectarlo en etapas tempranas.
La principal causa de esta enfermedad es la infección persistente por ciertos tipos del virus del papiloma humano (VPH). Se trata de un virus muy frecuente que se transmite por contacto sexual. En la mayoría de los casos el organismo lo elimina de forma natural, pero cuando la infección persiste con el tiempo puede provocar lesiones que, si no se detectan y tratan, pueden evolucionar a cáncer.
La prevención comienza con la vacunación contra el VPH, incorporada al Calendario Nacional de Vacunación desde 2011 para niñas y niños de 11 años. Su objetivo es generar inmunidad antes del inicio de las relaciones sexuales. Las personas adultas también pueden vacunarse. El uso de preservativo, además, ayuda a reducir el riesgo de transmisión del virus.
Los controles ginecológicos cumplen un rol fundamental. El test de VPH permite detectar la presencia del virus mediante una muestra del cuello uterino y se recomienda a partir de los 30 años. Cuando el resultado es negativo, el estudio suele repetirse cada cinco años. Si se detecta VPH de alto riesgo, se realizan otros estudios para evaluar si existen lesione.
El Papanicolaou (PAP) y la colposcopía permiten identificar lesiones en el cuello del útero causadas por el virus antes de que se transformen en cáncer. Estas lesiones no suelen provocar síntomas, por lo que muchas veces pasan desapercibidas si no se realizan los controles periódicos.
A pesar de contar con herramientas eficaces de prevención y detección, todavía se diagnostican casos en etapas avanzadas. En muchos casos, esto ocurre porque las lesiones precancerosas no generan síntomas y los controles se postergan. También influye la falsa percepción de que el riesgo solo existe cuando hay antecedentes familiares.
Entre la infección por VPH y el posible desarrollo de un cáncer pueden pasar entre 10 y 15 años. Es un período largo en el que la medicina tiene la oportunidad de detectar cambios y actuar a tiempo.
Mantener los controles ginecológicos al día es una de las decisiones más importantes para cuidar la salud. La prevención está al alcance: vacunación, preservativo y chequeos periódicos. Actuar a tiempo puede marcar la diferencia.
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